
La existencia, tanto física como espiritual, es una constante evolución. El hombre debe construirse cada día de su vida, y el camino que ha de recorrer para lograr este objetivo es lo que los iniciados conocemos como El Sendero Iniciático.
Hay un camino y
el familiarizarse con él es cuestión vital para todo estudioso y practicante de
los conocimientos esotéricos, como lo somos los Francmasones. Éste es el
sendero en el que nos encontramos, que hemos comenzado a recorrer y seguiremos haciéndolo
a lo largo de nuestra vida iniciática. Un camino de luz que nos llevará a
nuestro desarrollo y perfeccionamiento en plenitud.
Menester es,
pues, conocer la trayectoria que, a grandes rasgos se ha de describir en el
presente trabajo.
En primer
término debemos apreciar el punto de partida en este camino de desarrollo: nuestro
estado individual primitivo, mismo que tiene diferentes denominaciones dentro
del tecnicismo iniciático: El hombre dormido, el muerto en vida, El Profano.
Profano, como indica la traducción textual de esa palabra, significa Fuera del templo. Por esto entendemos como tal a todo aquello que se encuentra Alejado de lo Sacro, así denominamos a las personas ajenas a la vida iniciática y a sus misterios, a todas esas personas que viven bajo una cosmovisión separada de los principios de virtud, de gnosis y de trascendencia.
Profano, como indica la traducción textual de esa palabra, significa Fuera del templo. Por esto entendemos como tal a todo aquello que se encuentra Alejado de lo Sacro, así denominamos a las personas ajenas a la vida iniciática y a sus misterios, a todas esas personas que viven bajo una cosmovisión separada de los principios de virtud, de gnosis y de trascendencia.
Estas
personas, los profanos, viven esclavos de
sí mismos, atados a sus vicios y pasiones, al mundo carnal y a sus atracciones
simplistas. Muestran un interés en los rodea con objeto de un enfermizo afán de
alimentar a sus egos, sin un sentido de la vida ni del Amor propio claro,
deambulando carentes de un propósito trascendente, viviendo sólo por vivir,
trabajando sólo para satisfacer sus mediocres aspiraciones terrenas. Estas
personas son incapaces de dimensionar la perenne sabiduría.

Sin embargo, llegará un momento en el que la persona intuirá que lo que ve y lo que tiene, no puede ser todo lo que hay. Un momento en el que sentirá un vacío interno, posiblemente experimente una crisis existencial. Vivirá un instante en el que se percatará que, a pesar de los triunfos obtenidos en su vida mundana, no obtiene una satisfacción plena y advertirá de que le hace falta algo, sin poder definirse exactamente qué es, mucho menos dónde encontrarlo.
He ahí el nacimiento de una primera etapa de evolución del profano: ya se habrá convertido en un Buscador.
Como buscador no sabrá certeramente qué es lo que está buscando, mucho menos dónde o cómo encontrarlo, pero sabe que está buscando algo diferente a lo que la vida mundana le ofrece, lo que representa un avance dentro del desarrollo de su ser.
La intensidad
de esa búsqueda será proporcional al desarrollo de su alma, puede ser que
simplemente sienta esa necesidad esporádicamente, continuando con su vida
cotidiana sin mayor afectación, o puede que llegue al grado de perder toda
valoración por la vida que tiene, cayendo incluso en una depresión y en una
indagación desesperada por encontrar algo que lo conforte en relación a su
situación.
Dentro de la búsqueda,
el mundo le ofrece al profano algo que le permite conectarse con la vida y con el universo. En un primer término
puede ser un arte, un deporte, una asociación o una actividad, sintiéndose ocupado,
vivo y conmovido, deleitando su sentimiento y proyectando su ser exteriormente.
Ha evolucionado a una nueva etapa, se ha convertido en un Idealista.
El individuo
se puede quedar en este estado, conoce un ideal, una visión que le permite enfocar su ser y contar con un propósito.
Hace que se sienta bien pensando que ya ha encontrado el objeto de su indagación.
Pero, no todos
se contentan ahí. Después de cierto tiempo, la persona puede sentir que esta
actividad no basta, que ese ideal es limitado, dedicado al exterior, y no cubre los requisitos de su fuero interno. Entonces, el universo lo
ha de colocar en contacto con el conocimiento
iniciático, el conocimiento interno, esotérico, que religará cada parte de
su ser entre sí mismo y con la totalidad del cosmos. De esta manera, esa
persona es enfocada en la existencia de un Sendero,
y se convierte en un Aspirante.El Aspirante es el primer paso formal del camino del profano a la iniciación, ya en contacto con la guía certera del conocimiento esotérico es, por primera vez en su vida, consciente de la existencia de una vía que le puede llevar a cumplir con sus objetivos trascendentes. Busca conscientemente nociones sobre ella y pretende formalmente iniciar su recorrido.
En este punto
de la evolución personal comienza el contacto formal con la instrucción
masónica. Es el Aspirante la persona que los obreros conocemos como Candidato,
aquél que ya está en aras de ingresar a la Orden, que ha iniciado los pasos
para integrarse al camino de crecimiento espiritual por la vía del conocimiento
perenne.
Este individuo
queda a disposición del Maestro, que lo examinará
por vez primera y, de considerar que puede estar listo para recibir una
primera luz, se le adopta en el primer paso. El candidato, por medio de viajes
elementales, se vuelve un Aprendiz
de Masón. El Aspirante es
convertido en un Probacionista.
Este personaje
es el Neófito en la logia, el acabado
de nacer o de ser recibido, aquel que ha sido aceptado y se encuentra dando los
primeros pasos en la institución, analizando los primeros datos ciertos de su
búsqueda, y cobijado por una guía que le sostiene. Analizando si es lo que está
buscando, subconscientemente decidiendo si está listo para adoptarla.
Se debe
recalcar que el objeto de esta etapa, del Probacionista, es la Purificación. Este escalón versa sobre la
muerte a los vicios y el nacimiento a una vida de virtud, es el estudio de la
moral, es labrar la piedra para poder ser dignos de recibir las perlas
preciosas del conocimiento iniciático.
De lograr
estos objetivos, al profano se le aceptará como un Discípulo Aceptado, o, como lo conocemos en la Masonería, un Compañero
de Masón. Es en éste punto donde comenzará realmente a tener acceso al
conocimiento místico, es el instante en el que la vida le confiará el
entendimiento para estudiar y comprender los primeros misterios iniciáticos. Será
su primer acercamiento formal a la Gnosis, la Geometría, a la Trascendencia.
En esta etapa
comenzarán sus iniciaciones, algunos afirman son cinco, tal como los viajes del
aprendiz, o como las puntas de la estrella del frontispicio. Símbolos del
hombre venciendo a los elementos y tomando control de su ser. Aire, Fuego,
Tierra, Agua y Éter dominados. Alcanzando la verdadera Maestría. Convirtiéndose,
sólo hasta este punto, después de
haber obtenido el triunfo en su guerra interna, en un Iniciado.
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