viernes, 5 de octubre de 2012

EL SENDERO INICIÁTICO




La existencia, tanto física como espiritual, es una constante evolución. El hombre debe construirse cada día de su vida, y el camino que ha de recorrer para lograr este objetivo es lo que los iniciados conocemos como El Sendero Iniciático.

Hay un camino y el familiarizarse con él es cuestión vital para todo estudioso y practicante de los conocimientos esotéricos, como lo somos los Francmasones. Éste es el sendero en el que nos encontramos, que hemos comenzado a recorrer y seguiremos haciéndolo a lo largo de nuestra vida iniciática. Un camino de luz que nos llevará a nuestro desarrollo y perfeccionamiento en plenitud.

Menester es, pues, conocer la trayectoria que, a grandes rasgos se ha de describir en el presente trabajo.

En primer término debemos apreciar el punto de partida en este camino de desarrollo: nuestro estado individual primitivo, mismo que tiene diferentes denominaciones dentro del tecnicismo iniciático: El hombre dormido, el muerto en vida, El Profano.

Profano, como indica la traducción textual de esa palabra, significa Fuera del templo. Por esto entendemos como tal a todo aquello que se encuentra Alejado de lo Sacro, así denominamos a las personas ajenas a la vida iniciática y a sus misterios, a todas esas personas que viven bajo una cosmovisión separada de los principios de virtud, de gnosis y de trascendencia.

Estas personas, los profanos, viven esclavos de sí mismos, atados a sus vicios y pasiones, al mundo carnal y a sus atracciones simplistas. Muestran un interés en los rodea con objeto de un enfermizo afán de alimentar a sus egos, sin un sentido de la vida ni del Amor propio claro, deambulando carentes de un propósito trascendente, viviendo sólo por vivir, trabajando sólo para satisfacer sus mediocres aspiraciones terrenas. Estas personas son incapaces de dimensionar la perenne sabiduría.



Sin embargo, llegará un momento en el que la persona intuirá que lo que ve y lo que tiene, no puede ser todo lo que hay. Un momento en el que sentirá un vacío interno, posiblemente experimente una crisis existencial. Vivirá un instante en el que se percatará que, a pesar de los triunfos obtenidos en su vida mundana, no obtiene una satisfacción plena y advertirá de que le hace falta algo, sin poder definirse exactamente qué es, mucho menos dónde encontrarlo.


He ahí el nacimiento de una primera etapa de evolución del profano: ya se habrá convertido en un Buscador.


Como buscador no sabrá certeramente qué es lo que está buscando, mucho menos dónde o cómo encontrarlo, pero sabe que está buscando algo diferente a lo que la vida mundana le ofrece, lo que representa un avance dentro del desarrollo de su ser.

La intensidad de esa búsqueda será proporcional al desarrollo de su alma, puede ser que simplemente sienta esa necesidad esporádicamente, continuando con su vida cotidiana sin mayor afectación, o puede que llegue al grado de perder toda valoración por la vida que tiene, cayendo incluso en una depresión y en una indagación desesperada por encontrar algo que lo conforte en relación a su situación.

Dentro de la búsqueda, el mundo le ofrece al profano algo que le permite conectarse con la vida y con el universo. En un primer término puede ser un arte, un deporte, una asociación o una actividad, sintiéndose ocupado, vivo y conmovido, deleitando su sentimiento y proyectando su ser exteriormente. Ha evolucionado a una nueva etapa, se ha convertido en un Idealista.

El individuo se puede quedar en este estado, conoce un ideal, una visión que le permite enfocar su ser y contar con un propósito. Hace que se sienta bien pensando que ya ha encontrado el objeto de su indagación.


Pero, no todos se contentan ahí. Después de cierto tiempo, la persona puede sentir que esta actividad no basta, que ese ideal es limitado, dedicado al exterior, y no cubre los requisitos de su fuero interno. Entonces, el universo lo ha de colocar en contacto con el conocimiento iniciático, el conocimiento interno, esotérico, que religará cada parte de su ser entre sí mismo y con la totalidad del cosmos. De esta manera, esa persona es enfocada en la existencia de un Sendero, y se convierte en un Aspirante.


El Aspirante es el primer paso formal del camino del profano a la iniciación, ya en contacto con la guía certera del conocimiento esotérico es, por primera vez en su vida, consciente de la existencia de una vía que le puede llevar a cumplir con sus objetivos trascendentes. Busca conscientemente nociones sobre ella y pretende formalmente iniciar su recorrido.

En este punto de la evolución personal comienza el contacto formal con la instrucción masónica. Es el Aspirante la persona que los obreros conocemos como Candidato, aquél que ya está en aras de ingresar a la Orden, que ha iniciado los pasos para integrarse al camino de crecimiento espiritual por la vía del conocimiento perenne.

Este individuo queda a disposición del Maestro, que lo examinará por vez primera y, de considerar que puede estar listo para recibir una primera luz, se le adopta en el primer paso. El candidato, por medio de viajes elementales, se vuelve un Aprendiz de Masón. El Aspirante es convertido en un Probacionista.

Este personaje es el Neófito en la logia, el acabado de nacer o de ser recibido, aquel que ha sido aceptado y se encuentra dando los primeros pasos en la institución, analizando los primeros datos ciertos de su búsqueda, y cobijado por una guía que le sostiene. Analizando si es lo que está buscando, subconscientemente decidiendo si está listo para adoptarla.

Se debe recalcar que el objeto de esta etapa, del Probacionista, es la Purificación. Este escalón versa sobre la muerte a los vicios y el nacimiento a una vida de virtud, es el estudio de la moral, es labrar la piedra para poder ser dignos de recibir las perlas preciosas del conocimiento iniciático.

De lograr estos objetivos, al profano se le aceptará como un Discípulo Aceptado, o, como lo conocemos en la Masonería, un Compañero de Masón. Es en éste punto donde comenzará realmente a tener acceso al conocimiento místico, es el instante en el que la vida le confiará el entendimiento para estudiar y comprender los primeros misterios iniciáticos. Será su primer acercamiento formal a la Gnosis, la Geometría, a la Trascendencia.

En esta etapa comenzarán sus iniciaciones, algunos afirman son cinco, tal como los viajes del aprendiz, o como las puntas de la estrella del frontispicio. Símbolos del hombre venciendo a los elementos y tomando control de su ser. Aire, Fuego, Tierra, Agua y Éter dominados. Alcanzando la verdadera Maestría. Convirtiéndose, sólo hasta este punto, después de haber obtenido el triunfo en su guerra interna, en un Iniciado.

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